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Blancanieves y el espejito mágico

lunes, 9 de junio de 2014


Texto de Carolina Fernández
Ilustración de Brenda Figueroa

Blancanieves era la niña más más bonita de todo el mundo al revés, tenía unos cabellos negros y largos en forma de caracolas, unos ojos grandes y verdes como piedras esmeraldas y una piel suave y blanca como la nieve.

Blancanieves tenía también una madrasta, Regina, que se pasaba todo el día diciéndole qué cosas tenía que hacer. Blancanieves nunca quería hacerle caso y por eso discutían por todo: las tareas, la ropa, la habitación, la colación o la cama. Regina pensaba que Blancanieves debía empezar a tomar responsabilidades, puesto que se estaba haciendo mayor y no podía ser siempre una niña tan consentida. Pero a Blancanieves todo aquello no le parecía nada importante.


Sin embargo, aunque discutían mucho, Regina y Blancanieves también pasaban buenos momentos juntas, sobre todo cuando estaban la habitación de Regina, que era uno de los sitios favoritos de Blancanieves. Le encantaba pasar horas allí porque sentía que aprendía cosas que no le contaban en ningún lugar. En la habitación había muchos libros para leer sobre muchas cosas diferentes, muchos cuadros que pintaba ella misma de reinos que nunca jamás había visto, muchas plantas con las que hacía pócimas que te curaban la tos y los dolores de rodillas. Pero la cosa más maravillosa que guardaba la habitación era ¡¡un espejo mágico!!.  

Todavía no lo habíamos dicho, pero Regina era un poco bruja, es decir, un poco mágica. Y algunas de las cosas que tenía también lo eran. El espejo mágico de Regina era capaz de contestar a todas las preguntas que le hicieras:

 - Espejito ¿quién es la niña más bonita del Reino?
 - Blancanieves es la niña más bonita de todo el reino del mundo al revés -contestaba el espejito mágico.  

Blancanieves cada vez que escuchaba esto se enfadaba muchísimo porque le parecía la cosa más aburrida del mundo ser sólo la más bonita.

- Espejito, ¿quién es la niña o el niño más divertido de todo el reino?
- Peter Pan es el niño más divertido de todo el reino del mundo al revés.
- ¿Y quién es el niño o la niña más valiente de todo el reino?
- Gretel es la niña más valiente de todo el reino.
- Jooooooo ¡¡qué rabia!!

Blancanieves se desesperaba delante del aquel espejo mágico esperando que algún día dijera que ella era la más fuerte, la más valiente, la más lista, la más divertida o cualquier cosa que no fuera sólo ser bella. Regina que sabía de la desesperación de su hijastra trataba de hablar con ella haciéndole entender que se estaba equivocando:

- Blancanieves, lo importante es que tú misma te valores por todo lo que eres, tu belleza y todas las demás cosas que no se ven. Si quieres ser fuerte, valiente, lista y divertida, también es importante, que aprendas, que leas, que conozcas gente, que viajes y que salgas de este castillo y dejes de lamentarte sin hacer nada.  

Blancanieves no escucho del todo bien lo que Regina le dijo, solo se quedó con una parte de todo aquello, “sal de este castillo”. Así que esa misma noche, Blancanieves cogió su caballo y decidida, aunque asustada, se adentró en el bosque buscando ser algo más que bella.

Tras toda la noche cabalgando decidió parar a descansar a la orilla de un río. Se bajó del caballo, caminó unos pasos, y justo delante de sus ojos y detrás de un gran árbol una pequeña casa apareció como por arte de magia.

Hambrienta y cansada pensó que sería el mejor lugar para  reponer fuerzas. Entró, al ver que no había nadie y allí se encontró con siete pequeñas sillas alrededor de una mesa, siete camitas y una gran cocina llena de frutas y verduras.

Mientras Blancanieves decidía si dormía o comía, cuatro enanitos y tres enanitas entraron por la puerta gritando:

- ¿Quien está ahí?,¡manos arriba!
- No voy a hacer nada - dijo asustada Blancanieves- sólo quería descansar un poco.

Blancanieves les contó a los enanitos y enanitas que había cabalgado toda la noche, que vivía en un castillo y que no quería regresar hasta lograr su misión de ser mucho más que una niña bonita. Quería ser también fuerte y valiente y por eso necesitaba vivir aventuras. Enanito dormilón le contó que ellos trabajan en una mina buscando metales mágicos y esta idea a Blancanieves le pareció genial:

- Eso de ir a una mina fría y oscura a buscar metales mágicos es de ser muy valiente, seguro que esto vale para ser la más valiente del reino- pensó Blancanieves para sus adentros.

Y mientras Blancanieves fantaseaba el enanito gruñón, le hizo ver que eso de ir a la mina y quedarse con ellos no iba a ser tan fácil:

- Si quieres ser una de nosotros, tendrás primero que ser una más en nuestro hogar y colaborar con nosotros en todo, ¿tú qué sabes hacer? ¿Preparar bocadillos, hacer camas, limpiar suelos, cortar leña, coser ropas?
- Aquí todos colaboramos con todo, y tú debes ayudar también, aquí no puedes ser cómo una niña pequeña que se lo hacen todo y no sabe hacer nada.

Blancanieves se sonrojó de vergüenza y recordó entonces las peleas con Regina por no hacer su cama, por no recoger su cuarto, por no prepararse la colación y por no coserse el dedo gordo del calcetín… y se dio cuenta de que todas esas cosas no eran para molestarla, ¡eran para ayudarla a ser mayor!

- Pues queridos enanitos y enanitas, si les soy sincera, creo que antes de aprender a estar en una mina voy a tener que acostumbrarme y aprender a ser mayor y hacer muchas cosas por mí misma. Quiero poder estar aquí y ser una más.

La enanita sabia, se dio cuenta de que Blancanieves había aprendido una gran lección, ser mayor es saber hacer cosas por ti misma, de modo que esa noche lo celebraron preparando un gran festín de comida, bebida y los más ricos postres de todo el lugar. Y al día siguiente, Blancanieves después de hacer sus tareas iría con ellos a la mina a buscar metales mágicos.

Mientras tanto Regina, que lo veía todo desde el su espejo mágico, se sentía orgullosa de Blancanieves. Por fin, se había olvidado de si era importante ser bella, ser valiente, o ser la mejor en nada. Ahora quería aprender y valerse por sí misma.

- Por fin has aprendido la lección…unos días más y estarás lista para volver al reino y poner en práctica todo lo aprendido. Prepararé tu regreso.

Y así fue cómo una mañana Blancanieves le dio un mordisco a una manzana que una vieja anciana había llevado a la casa de los enanitos y enanitas, y al momento se cayó al suelo dormida. Un día después, despertó en la cama de su habitación, de su castillo de siempre y abrió los ojos confundida sin saber qué había pasado. Pero no tuvo mucho tiempo para pensarlo, porque Regina no paraba de gritarle que llegaba tarde a la escuela.  

Blancanieves con cara de aturdida comenzó por primera vez, y sin pelearse antes con su madrastra, a hacer su cama y prepararse el bocadillo para la escuela. Recordaba todo lo que había vivido con los enanitos como si fuera un sueño y quizá lo había sido.

Pero entonces, delante de sus ojos vio una manzana mordida y a Regina sonriendo a lo lejos y comprendió que la magia de su querida madrastra tenía que ver con todo aquello.

Con el tiempo, Blancanieves aprendió a hacer todas aquellas cosas que antes le parecían tonterías y se dio cuenta de que hacer todo aquello era valerse por sí misma. Y que ser bella o no serlo era algo que no importaba tanto como ser una niña capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera.


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