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Cuento infantil: El vendedor de sueños

miércoles, 13 de agosto de 2014

Cuento infantil para enseñar a los niños y niñas la importancia de seguir los propios sueños.
Una tarde de verano muy calurosa, llegó al pueblo aquel extraño señor. Su llegada no paso desapercibida para nadie, vestía un oscuro traje algo desaliñado y demasiado abrigado para las temperaturas tan altas que acontecían aquel caluroso verano. Su mirada algo distraída y con una chispa especial resaltaba en su delgado rostro cubierto por una barba blanca mal recortada. Llevaba puestos unos zapatos sucios y caminaba como si los pies le pesaran, en su mano una pequeña maleta vieja.
Se instaló en un local vacío que debía haber comprado tiempo antes. La mañana siguiente apareció algo más descansado y con ropa más adecuada para aquellas temperaturas tan elevadas. Con una energía no imaginada por su caminar del día anterior, comenzó a limpiar el local y a reformarlo, apareció un camión con muebles y enseres de diverso tipo.
En una semana la imagen del viejo y abandonado local había cambiado por completo, recién pintado y con un olor a cosas nuevas y a limpieza. El aspecto del hombre también había cambiado por completo, bien vestido y con aspecto alegre y descansado, mantenía su mirada distraída y su barba blanca mal recortada. Justo una semana después de su llegada colocó en la puerta del local un cartel en el que podía leerse: “Tienda de Sueños. Cumplir un sueño, es hacer brillar una sonrisa, tu sonrisa.”
El cartel de la tienda sorprendió a todos, y enseguida acudieron a comprobar que era aquello y quien era aquel hombre. Múltiples objetos sin sentido, ni lógica aparente estaban repartidos por el local, dotando a aquel espacio de un encanto mágico que aporta el sinsentido. Unas gafas de color rosa con los cristales amarillos, un reloj cuc, algodones de colores, botellas de agua, un monociclo, juguetes, una vieja silla, eran algunos de los objetos que podían encontrarse en su interior, y muchos frascos de diferentes tamaños y colores vacíos tras el mostrador.
Los habitantes del pueblo estaban algo incrédulos y bastante desconfiados con las intenciones de aquel curioso personaje. Éste les agradeció la visita a su establecimiento y les explicó que era un vendedor de sueños, que su tienda estaba allí para ayudarles a hacer realidad sus sueños. Les explicó que los sueños no tienen valor porque su valor es incalculable y que por lo tanto no podía poner precio a los mismos, que su único pago era el brillo de las sonrisas de aquellos que cumplen sus sueños.

Poco a poco, los habitantes del pueblo decidieron probar los servicios del vendedor de sueños, si no les iba a cobrar nada no tenían nada que perder, así uno a uno fueron pasando por allí poco a poco. Contaban al misterioso hombre sus sueños y este les pedía tiempo para elaborar su receta para cumplirlos. A los pocos días les otorgaba uno de los objetos de la tienda y les entregaba un frasquito. En cada frasquito colocaba una etiqueta donde ponía medicina para los sueños de…… y ponía el nombre del destinatario. Debían poner en cualquier parte de su cuerpo cada mañana tres gotas del líquido y esperar a que el contenido del mismo se acabase.
Los habitantes del pueblo, no creyeron en las palabras del vendedor, pero como no tenían nada que perder y al hablar de sus sueños encendían la llama de la ilusión por cumplirlos cada día se echaban las tres gotitas de su frasco.
Pasaron los días, y las semanas, el verano dio paso al otoño, el invierno llego al pueblo, también la primavera y un nuevo verano anunciaba su presencia.
Justo un año después de su llegada, el local apareció cerrado. Los habitantes del pueblo pensaron que era un charlatán que se había ido al igual que había aparecido. Pero a los pocos días ocurrió algo sorprendente, cada uno de ellos fue cumpliendo sus sueños, justo cuando acabo el contenido de su frasco. Entraron en el local, que aún mantenía el cartel, en busca del vendedor para agradecerle su labor, no le encontraron allí, pero hallaron una nota en la que escribió lo siguiente:
“Sé que dudaron de mí y no los culpo, porque tenían toda la razón, yo no he hecho que se cumplieran sus sueños. En los frascos solo había agua, fueron sido cada uno de ustedes al encender la llama de la ilusión los que han seguido el camino para cumplir sus sueños.”

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